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ESPIDO FREIRE ESCRITORA

"En nuestra cultura late una misoginia muy profunda"

"Confío en que, a medio plazo, no haya necesidad de celebrar el Día de la Mujer como se hace ahora"

Actualizada Sábado, 1 de marzo de 2008 - 04:00 h.
  • AINHOA PIUDO . PAMPLONA

Espido Freire (Bilbao, 1974) se convirtió en 1999 en la ganadora más joven del premio Planeta con la obra Melocotones helados.

Desde entonces, ha ido desarrollando una trayectoria que compagina la faceta de novelista y ensayista (Primer amor, La última batalla de Vincavec el bandido, El tiempo huye, Aland la blanca, Diabulus in música, Cuentos malvados, Juegos míos, Cuando comer es un infierno, Querida Jane, querida Charlotte, Nos espera la noche, Mileuristas, la generación de los mil euros, Soria Moria, etc.) con la de colaboradora en diversos medios de comunicación (El País, El Mundo, La Razón, ADN, Público, Onda Cero, etc.). La que fuera una niña prodigio en el mundo del canto asegura que nunca ha querido significarse políticamente y que no se considera "una autora radical" en sus planteamientos. Sí tiene, sin embargo, "tres o cuatro" a los que nunca renunciaría. Uno de ellos es la apasionada defensa de los derechos de la mujer en una sociedad que "sigue aceptando como normales" comportamientos que no lo son. De esto y otras muchas cosas habló ayer en la charla Literatura de mujeres, incluida en el ciclo de conferencias Mujeres en un mundo de hombres, organizado por el Ayuntamiento de Pamplona con motivo del Día Internacional de la Mujer.

¿Existe una literatura de mujeres, tal y como reza el título de su charla?

La literatura femenina es un tema que creo que está totalmente superado. Voy a hablar más de cómo es la percepción de la figura de la intelectual, de la lectora, de las escritoras y de las periodistas que tienen tanto hombres como mujeres. Analizaré qué queda de ideas en las que antes se creía, como que cuanto más se desarrollaba el cerebro de una mujer, menos se desarrollaba su útero.

Esperemos que no mucho...

Todavía quedan resabios. La ciencia ha desmentido muchas de estas barbaridades, pero el prejuicio es mucho más lento de desmontar. De hecho, cuanto más impulsiva e irracional es la situación, más de dentro surgen los insultos a la mujer en su condición de mujer y no como ser humano.

Vivimos en un mundo machista?

Machista no, misógino. En el fondo de nuestra cultura late una misoginia muy profunda. Eso explica, por ejemplo, la falta de solidaridad entre las mujeres o la sobreprotección del varón. Es algo que toleramos porque, como sociedad, todavía seguimos pensando que es lo que tiene que ser. Y podríamos hablar también del mito de la belleza o la gran hipocresía que rodea al mundo de la prostitución, no me estoy refiriendo sólo a la situación de los crímenes, que la semana pasada, por ejemplo, se agravó.

¿Los medios de comunicación están tratando bien el tema del maltrato a la mujer?

Creo que no hay un consenso real acerca de cómo hacerlo. Ni siquiera los políticos ni las plataformas se han puesto de acuerdo. A mí, a título personal, no me parece adecuado el modo en que se pide opinión a los vecinos, que dicen una y otra vez que eran una pareja estupenda o un chico muy normal. Esto no se puede hacer, porque se trivializa. No se puede dar una sensación de normalidad frente al maltrato. No es cierto que el maltratador pase desapercibido, pero hay que educar a la sociedad para detectar cuáles son sus estrategias y cuáles son las carencias de la víctima. Los mismo que todas las historias de anorexia y bulimia son siempre la misma historia, todas las historias de maltrato acaban siendo también la misma. Ahora bien, también pienso que si no hubiera sido por la labor de los medios, posiblemente la toma de conciencia frente a este problema no hubiera sido tan rápida en España.

¿Tiene sentido seguir celebrando el Día de la Mujer?

Yo confío en que a medio plazo no haya necesidad de festejar, de la manera que se está haciendo ahora, el Día de la Mujer. Progresivamente se tiene que ir pasando de una celebración feminista como tal a una celebración de integración. Tenemos que hablar de una colaboración entre sexos. Y no sólo de los grupos de presión, sino de medidas institucionales apoyadas por todo el grupo social.

¿Está a favor de la cuotas de discriminación positiva?

En algunos sectores, sí. Es un sistema de protección paternalista, y eso no me hace sentir muy cómoda. Sin embargo, en según qué ámbitos no va a haber otra manera de conseguir la integración de la mujer.

¿Por ejemplo?

El sector inmobiliario, en el que se mueven enormes intereses y que hasta ahora está siendo el pilar de la economía española, es extremadamente reacio a la presencia de la mujer. Por supuesto que las hay, pero no en cargos directivos. Se está incurriendo en una discriminación negativa y, por lo tanto, se deberá corregir por ley. Me parece un asunto de lógica, la verdad, muchas veces se crea una polémica que es absurda. O piensa en el periodismo, por ejemplo, a ver a cuántas encuentras en altos cargos. En concreto en el columnismo, que es lo que yo practico. ¿Cuántas columnistas hay en periódicos de tirada nacional menores de 40 años? Muchas veces lo he reivindicado: ¡me siento sola! Y no me creo que se deba a que yo sea la única, o la mejor.

¿Ser mujer le ha influido negativamente en su trayectoria literaria?

No, y lo puedo decir con bastante rotundidad. Han existido más recelos por mi edad, porque empecé muy joven. Ahora bien, en mi vida particular, por supuesto que sí, como a todas las demás.

Usted nunca ha ocultado que padeció bulimia. ¿Cree que testimonios como el suyo pueden ayudar a otras enfermas?

No creo que sirvan de nada los testimonios y de hecho, las asociaciones y yo misma estamos muy en contra de que aparezcan en programas de televisión y similar. No ayudan, crean un morbo estéril y estigmatizan la enfermedad. Ni siquiera determinados planes de prevención tienen un efecto real. Las herramientas tienen que ser otras. No me gustaría que se me tomara como ejemplo. Mi libro (Cuando comer no es un infierno) hablaba de cuatro casos distintos, de las webs pro anorexia que existen, y proponía distintas pautas de curación, pero yo no daba mi testimonio. No hay que olvidar nunca que la bulimia es un síntoma de un problema más profundo.


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