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TIERRAESTELLA

Dos mujeres dirigen una ganadería de reses bravas en San Adrián

Sus 120 cabezas estarán listas el próximo verano para encierros y lidias de los pueblos en fiestas

Actualizada Viernes, 29 de febrero de 2008 - 04:00 h.
  • M.P.A. . SAN ADRIÁN

Lo que empezó con una idea que a ellas mismas les costó tomar en serio ha acabado como una nueva ganadería lista para, desde el próximo verano, enviar a sus reses bravas a encierros y lidias de los pueblos en fiestas. Ganado Ega nace en San Adrián con sello femenino, el que imprimen dos vecinas de la localidad asociadas para irrumpir en un sector con escasos nombres de mujer.

Silvia Pellejero Gil, adrianesa de 32 años, y Amada Carra Rincón, natural de Calahorra de 33, tienen en común muchas cosas. Las dos son madres, salen en la misma cuadrilla y les apasiona un mundo al que nadie en sus familias ha estado vinculado antes.

Su ganadería está a punto de inaugurarse en unos terrenos de 217 hectáreas situados a unos cinco minutos del casco urbano, próximos al cementerio y arrendados por un periodo de veinte años. Allí llegarán en unas semanas las 120 cabezas que estos días permanecen, a la espera del traslado, en la finca de la otra explotación de reses bravas del municipio, Ganados San Adrián. Las dos socias han adquirido a través de este negocio vecino las reses de la ganadería de Julio Fileso convertidas en los primeros animales de la nueva empresa.

Desde hace dos años

Silvia Pellejero y Amada Carra son, además de compañeras, esposas de dos socios que comparten también una empresa de trabajos en fachadas. La primera, madre de un bebé de cinco meses, trabajaba en una conservera donde piensa reincorporase, aunque a media jornada. "Creo que podré compaginar las dos cosas. No puedo superar los ingresos de los generados por mi nueva actividad como Agricultor a Título Principal, pero sí podré trabajar unas horas en los meses en que nos llaman de la empresa", cuenta. Los planes de Amada Carra, madre de un pequeño de casi cinco años y embarazada de su segundo hijo, no pasan por volver a su empleo en una planta de encurtidos.

¿Por qué las reses bravas? Las dos encuentran en su gran afición la respuesta. "Siempre nos ha gustado mucho ir a Andalucía, para conocer las explotaciones del sur, y también nos hemos movido por los pueblos de esta zona para ver los encierros. La ganadería no nos viene de familia, pero nos apasiona este mundo", explica Silvia Pellejero. Tanto que un día, medio en broma medio en serio, las dos se lo plantearon a sus maridos. Y ellos, recuerdan, se rieron al principio pero se convirtieron después en su apoyo más firme cuando comenzaron las gestiones. Entre aquél primer impulso y este momento, cuando su negocio está a punto de echa a andar, han transcurrido dos años.

Las emprendedoras han ido desde el principio de la mano del ITG Ganadero, que les asesorado en todo el proyecto. Para hacer frente a la inversión, en torno a los 270.000 euros, cuentan con una subvención del departamento de Desarrollo Rural. Y las dos completan ahora un curso de 200 horas, una formación necesaria que se les exige para convertirse en ATP, Agricultor a Título Principal.

"¿Qué vais a hacer?"

Las dos socias recuerdan la sorpresa como la reacción más generalizada cada vez que, a lo largo de este tiempo, le explicaban a a alguien su proyecto. "Lo hemos tenido que contar cientos de veces porque al principio le chocaba a todo el mundo. ¿Qué decís que vais a hacer?, nos decían. Pero, más allá de esto, nunca nos hemos sentido discriminadas ni tratadas de un modo diferente. Es normal que choque al haber tan pocas mujeres en esto, pero luego no ha habido ningún problema", comenta Amada Carra. "Sólo una vez, cuando solicitamos un documento, nos dijeron que, en cuanto vieran que éramos mujeres, iban a denegarlo", añade su amiga.

Las reses, algunas de las cuales ya han criado, completan los protocolos de vacunación y será, si se cumplen sus previsiones, en el mes de marzo cuando ocupen las tierras ya cercadas de Ganado Ega. Para ellas y sus propietarias los meses más duros llegarán con el verano, el primero para este nuevo hierro en Navarra. Silvia Pellejero cuenta que han comprado un carro mezclador y una pala telescópica para darles de comer, una labor que exigirá presencia en la finca los 365 días del año. De momento, y hasta ver si los resultados les permiten contratar refuerzos, ellas mismas la asumirán.

Las dos creen que no les resultará difícil compaginar con la familia una nueva tarea que, aunque exigente, les dejará periodos más tranquilos a lo largo del año. "El verano será muy intenso, pero contaremos con la ayuda de nuestros maridos y tenemos también el respaldo de los abuelos. Sabemos lo que supone porque para los animales no hay festivos", dicen.


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