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"Este tipo de asaltos son algo cotidiano allí"

JOSEMI CLEMENTE REIVINDICA LA "DIGNIDAD" DE UN PUEBLO AMENAZADO CONSTANTEMENTE POR LOS PARAMILITARES Y POR LOS GRUPOS DE TRÁFICO DE ARMAS Y DROGAS

Actualizada Jueves, 28 de febrero de 2008 - 03:59 h.
  • D.C. . TUDELA

José Miguel Clemente lleva desde el pasado 8 de enero en Navarra. De lunes a viernes está en Pamplona para ser tratado en la Clínica Universitaria de las heridas que tiene en el brazo izquierdo. Los fines de semana, el misionero acude a su Tudela natal para estar con su familia y compañeros jesuitas de la comunidad de la capital ribera.

¿Cómo sintieron los indígenas su intento de asesinato?

Ellos saben que el ojo que he perdido lo he dado por ellos y que la sangre derramada va a servir para revalorizar la suya. Se han dado cuenta de que nuestra labor allí es de entrega plena y que nosotros, como ellos, estamos en el punto de mira.

¿Y su marcha a España?

No me dejaban ir. Tuve que explicarles que lo único que quería era ser tratado con los medios que existen en España para poder recuperar el brazo y seguir trabajando por ellos. El día de mi marcha, la gente me metía en los bolsillos los billetes y monedas que necesitaban para comer para ayudarme en el viaje. Fue algo preciosísimo. Ahora me llaman de madrugada para preguntarme cómo va todo, con la esperanza de verme pronto allí. Detrás de toda la violencia que asola Guatemala hay un pueblo lleno de valores, dignidad y generosidad sin límites.

Usted ha perdido un ojo. ¿Merece la pena este sacrificio?

¿Dar un ojo por la gente humilde? ¡Yo daría la vida! Es fácil decir eso cuando estás fuera de peligro, pero hay que padecerlo como me ha tocado ahora a mí para asegurar algo así. Te puedo decir con total franqueza que sigo pensando de la misma forma que antes. Mi esperanza es que este ojo que me han arrebatado sirva para llevar algo de justicia y paz a la comarca de Santa María y a Guatemala entera.

¿Se considera un héroe?

No. Lo que me ha ocurrido a mí es algo cotidiano allí y nadie se entera. Este tipo de violencia se cobra 10.000 muertos al año en todo el país, pero en Santa María no hay registro porque nadie cuenta a los muertos. Simplemente desaparecen y punto.

¿Y cabe en usted el sentimiento de perdón hacia sus agresores?

Siempre perdonaré a los que intentaron matarme, pero antes se debe hacer justicia. Cuando me estaba desangrando en el interior de la furgoneta no sentí en mi interior el deseo de agarrar un arma y dispararles. Lo que de verdad quiero es que el proceso judicial que se ha abierto sirva para detener y juzgar a los asaltantes. Entonces, y sólo entonces, podré perdonarles.

Durante este tiempo en Navarra ha tenido la oportunidad de hablar con los alumnos del colegio de Jesuitas de Tudela y contarles su experiencia.

Mis compañeros de Tudela ya les habían contado la historia, con lo que me limité a decirles que merece la pena proteger la vida de las personas indefensas en cualquier rincón del mundo. Hay gente que mira mi cara desfigurada y piensa que soy un desgraciado, pero no es así. Cuando pensaba que estaba a punto de morir en aquella carretera de Guatemala era feliz porque estaba donde quería estar. En ese momento estaba vivo. Los muertos son aquellos que sólo se preocupan de ellos mismos.


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