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MIRADOR JOSÉ MIGUEL IRIBERRI

Perdón, ¿para qué?

Actualizada Jueves, 28 de febrero de 2008 - 04:00 h.

E L presidente del Gobierno y candidato del PSOE afirmó en Valencia, en el transcurso de uno de los multitudinarios mítines de su exitosa campaña, que no iba a pedir perdón por haber intentado la paz. Se estaba refiriendo, naturalmente, a la negociación con ETA, y a las denuncias que le ha venido planteando el PP por el llamado "proceso de paz".

El presidente del Gobierno, y también candidato del partido ganador de los sondeos, utiliza en ocasiones un discurso propio del líder de una fuerza situada en las afueras de la oposición. "No me voy a callar", avisó en otro mitin, como si estuviera encabezando una lista de oposición perseguida por no se sabe quién, o sin recursos materiales para adquirir un megáfono. "No voy a pedir perdón por haber intentado la paz", ha puntualizado con el mismo estilo. El candidato olvida, y eso está bien hasta cierto punto, pero ni un punto más, que lleva cuatro años al frente del Gobierno, una esfera de poder desde la que, tras el supuesto error, la reparación sería la mejor forma de hacerse perdonar.

Al margen del procedimiento de la disculpa y de la retórica electoralista, la advertencia abstracta de Zapatero conduce al equívoco. Naturalmente que no debe pedir perdón ni ha de disculparse por haber intentado la paz. El presidente acapara toda la razón cuando recuerda que el intento va en el cargo, si llega el caso. Pero la cuestión es la ejecución del intento, el proceso emprendido y el desarrollo del mismo. Y los medios utilizados, por supuesto, que han de resistir la prueba de la justificación.

Rodríguez Zapatero arrastra el peso del mal llamado "proceso de paz". No del intento de conseguir la paz, sino del engaño a los ciudadanos que le habían otorgado su confianza. Anunció la ruptura de cualquier fase de contactos tras el atentado mortal del aeropuerto de Barajas pero no cumplió su palabra. Y este incumplimiento de la palabra dada burlaba al mismo tiempo la palabra recibidas del Congreso para llevar el proceso en ausencia de violencia. Él también tuvo dos discursos, uno para el día siguiente de los atentados y otro para cuando el paso del calendario amaina el temporal. Grave error.

En calidad de presidente del Gobierno, y dejando a un lado frases electoralistas, su obligación política era y es contar en el Congreso qué hizo con el patrimonio de confianza recibida . Así sabrá el ciudadano el crédito que merece como candidato.

Eso sería lo razonable, al margen de que Rajoy le critique razonablemente o de forma tan deplorable, por ofensiva, como el lunes cuando utilizó el verbo "agredir".


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