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Pablo Antoñana publica un retrato del pasado en clave costumbrista

En el libro "Aquellos tiempos" desfilan viejos oficios, personajes de la calle y anécdotas

Actualizada Jueves, 28 de febrero de 2008 - 04:00 h.
  • NEREA ALEJOS . PAMPLONA

"Estoy anclado en un pasado que para mí es ayer mismo", confesó Pablo Antoñana durante la presentación de Aquellos tiempos, un libro al que considera "un hijo tardío". A sus 80 años, reconoce que este "nacimiento" no lo recibe "con el mismo entusiasmo que tuve con el primer libro o el primer artículo, cuando yo creía que me iba a comer el mundo. Ahora tengo la memoria sobrecargada y no creo en casi nada".

Sin embargo, esa memoria le ha permitido resucitar un pasado que ya no existe. La semilla que ha dado como fruto Aquellos tiemposcomenzó a brotar hace seis años, cuando decidió colaborar con la revista Orbela.

A través de 64 artículos que escribió para esta publicación, Antoñana recupera la vida que latía en las calles de su Viana natal y del Casco Viejo de Pamplona. Parte del encanto de aquella época residía en los viejos oficios, como los del afilador, el escalatorres o el afinador de pianos. "Este libro tiene un gran valor etnográfico. El tema común es el costumbrismo, anécdotas, gentes y tradiciones perdidas", destacó David Mariezkurrena, de la asociación Txantrean Auzolan, que ha editado 400 ejemplares del libro, acompañado con ilustraciones de Joseba Beramendi. "Es una época que ha muerto totalmente y lo único que siento es no haber sacado fotografías de todo lo que he visto", comentó Antoñana. Entre esas "fotografías de la memoria" que ha plasmado en el libro, el escritor dedica varios artículos a retratar personajes que despertaron su interés, como los mendigos, curas, bocazas, políticos, tenderos, escoltas o chiquiteros.

"La ciudad está llena de gente curiosa. Una copiosa fauna redimida del olvido por los escritores folcloristas", escribe en el artículo titulado Gente curiosa. En el libro retrata también a aquellos húngaros que se anunciaban martilleando un calderín mellado. También recuerda "con emoción y tristeza" a aquellos tenderos que anotaban en los libros de "Debe y haber". "Me da mucha pena, pero sé que mi nieto encontrará el Casco Viejo y el Ensanche totalmente vacío de tiendas".

Antoñana contó que en aquellos establecimientos siempre había una silla o un banco para que se sentasen los amigos que iban a hacerle compañía al dependiente. "Aquella era una época más humana, no como ocurre ahora con las grandes superficies", comentó.


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