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CINE MIGUEL URABAYEN

Sin casi sorpresas

Actualizada Martes, 26 de febrero de 2008 - 04:00 h.

L A experiencia dice a los aficionados que en una competición de cine pueden ocurrir muchas cosas, entre ellas que la decisión del jurado sea semejante o muy parecida a lo anticipado por quienes han visto las películas presentadas. También sucede, sea el concurso de cualquier nivel, que el jurado manifieste un inesperado entusiasmo por algún título, intérprete o experto en determinadas técnicas, pasando por encima de quienes eran mejores, en opinión de los críticos.

. Entonces hablamos de sorpresa y aparecen protestas más o menos duras o vehementes.

Esto último ha ocurrido unas cuantas veces en los festivales de Cannes, Berlín, Venecia y San Sebastián, y desde luego también en los Oscar de Hollywood que tienen una curiosa historia de grandes olvidos. Por ejemplo, Ciudadano Kane solo ganó un premio (guión) en la entrega de 1942, y no los que merecía a película, director, actor y fotografía. Y puestos a recordar, todo aficionado sabe que Greta Garbo nunca obtuvo el de mejor actriz, ni Gary Grant el de mejor actor, ni Charles Chaplin el de guionista o director La Academia de Hollywood reparó posteriormente esos y otros olvidos con premios especiales a las carreras de nombres ilustres del cine

Así pues, y para resumir el tema de hoy, puede decirse que nunca se sabe lo que saldrá de la decisión de un jurado constituido por cinco mil seiscientas y pico personas relacionadas con el Cine, miembros todos de esa Academia. Este año podría decirse que casi no hay sorpresas, y los principales nombres elegidos coinciden con los que se anticipaban en prensa, radio y televisión, aquí y en todo el mundo occidental.

Pero aunque no sea ninguna sorpresa -era la favorita- podemos alegrarnos de que No es país para viejos haya ganado las cuatro estatuillas doradas más importantes de las ocho para las que estaba seleccionada. Esa mitad constituye una alegría, en primer lugar para los hermanos Joel y Ethan Coen que obtienen el Oscar a la mejor película, el de mejor director (segunda vez que se da a dos personas, la primera fue con West Side Story), y el de guión mejor adaptado. Todos los que la vieron y conocen la novela de Cormac McCarthy habrán apreciado la justicia de este premio.

En segundo lugar, ese éxito alcanza a Javier Bardem al obtener el Oscar al mejor actor secundario por su creativa interpretación del asesino Antón Chigurh. Como decía en mi crónica de la película hace un par de semanas, Bardem logró colocar su personaje en la galería de grandes villanos del cine. Quienes recuerdan su trabajo como criminal y santero en Perdita Durango (Alex de la Iglesia, 1996) sabían que era capaz de poner mucha fantasía en un papel de criminal, pero con los Coen ha logrado una interpretación medida y ajustada, sin ninguna exageración de gesto o maquillaje. Su impasibilidad ha sido una de las maneras con las que producía miedo.

Otra no sorpresa es que Daniel Day-Lewis haya ganado el Oscar al mejor actor por su amplio trabajo en Pozos de ambición. Su brillantez y riqueza de expresiones le aseguraba el triunfo ante los fuertes rivales que tenía. El de mejor actriz ha ido a manos de la francesa Marion Cotillard por su interpretación de Edith Piaf en La vida en rosa, y esto sí es sorpresa porque los vaticinios iban a que Julie Christie lo ganaría. Pero la mayoría de los jurados han preferido a Cotillard, dando así por segunda vez el Oscar a una actriz que aparecía en una película no hablada en inglés (la primera ocurrió con Sofía Loren en Dos mujeres, de Vitorio de Sica, hace ahora 47 años).

El premio a la mejor actriz secundaria ha sido para la inglesa Tilde Swinton, por su papel de Karen Crowder, ejecutiva de una gran compañía en Michael Clayton. La dificultad estaba en que ella debía mostrar la lucha interior del personaje al decidir acciones a favor de su empresa sabiendo que eran criminales. Me resulta un poco raro que tan excelente película haya recibido un solo Oscar.

Actores europeos

Por otro lado, resulta interesante que la Academia haya dado los cuatro premios de interpretación a actores e intérpretes que no son norteamericanos. Day-Lewis es irlandes, Marion Cotillard francesa, Bardem español y Tilda Swinton inglesa. Así se confirma la antigua observación de que Hollywood atrae a talentos de otros países, solo conocidos allí, y los transforma en estrellas mundiales. En este caso, los cuatro citados son europeos, y han encontrado en el cine norteamericano el poderoso trampolín que necesitaban sus carreras.

Los premios técnicos suelen ser menos discutibles para el aficionado porque no resulta fácil comparar, en esos aspectos, las películas seleccionadas. Hace falta mucha memoria. De todas formas hay algunos, como la música, que en ciertos casos son muy importantes para las obras premiadas porque se hacen populares (recuérdese Carros de fuego con la insistente y nostálgica melodía de Vangelis, o La misión y su música coral, de Ennio Morricone). Ahora teníamos al español Alberto Iglesias como uno de los cinco candidatos, pero la Academia ha elegido al italiano Dario Marianelli por el muy inteligente fondo musical que concibió para Expiación. Su idea de fundir el tecleo de una máquina de escribir con la melodía que él componía para el momento dramático sucesivo me pareció nueva y acertada. Alberto Iglesias ha tenido mala suerte con esa competencia.

El Oscar a la mejor dirección artística ha sido obtenido por el drama cantado Sweeney Todd, y es adecuado porque el ambiente creado por Tim Burton era de pesadilla. Y la Academia ha decidido que los mejores efectos especiales del año pasado han sido los de La brújula dorada, quizá por su abundante utilización de osos polares creados por los informáticos.

Uno de los Oscar menores sí me parece algo injusto. Es el referente al montaje, que premia el de El ultimatun de Bourne, tercera de la serie. Como recordarán los lectores que la vieron, la acción transcurría a velocidad aun mayor que en las anteriores y a ratos uno casi sentía cansancio físico por la tensión mantenida sobre algunos personajes, empezando por el protagonista. Creo que premiarla ha sido confundir el buen montaje con la rapidez en la sucesión de escenas y episodios de la violenta acción.

EN RESUMEN La victoria de los hermanos Coen, de Javier Bardem y de sus tres colegas europeos es lo mejor de esta 80 entrega de los Oscar

diario2@diariodenavarra.es


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