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LA CONTRACRÓNICA TOÑO SANZ

La fuerza del optimismo

El optimismo saludable es una forma de pensar y sentir que ayuda a usar juiciosamente las habilidades propias.

Actualizada Lunes, 25 de febrero de 2008 - 04:00 h.
  • TOÑO SANZ

N O vi el primer gol. Estaba embebecido arrancando a golpe de ojos el inicio de un libro dedicado a hombres y mujeres abiertos a la idea de que la dicha y la desdicha no dependen tanto de los avatares de la vida como del significado que les damos, y me quedé sin catar el primero de los avatares con que Osasuna señaló al Atlético de Madrid.

Apenas un minuto y ya teníamos la primera demostración del corolario: un único asunto y dos interpretaciones distintas; dicha en las gradas del Reyno y desdicha a la otra orilla del Manzanares.

Todavía estaba decantando el poso del primer capítulo de La fuerza del optimismo, de Luis Rojas Marcos, cuando la conexión Plasil-Vela se coló hasta los adentros de la cocina colchonera. Cuatro minutos y medio y dos a cero. ¡Pas posible! Y, sin embargo, cierto. Así que, me dije, dejémonos de libros y contemplemos el espectáculo del momento. Y puse mi atención en eso que los académicos definen como "cosa que se ofrece a la vista o a la contemplación intelectual y es capaz de atraer la atención y mover el ánimo infundiéndole deleite, asombro, dolor u otros afectos más o menos vivos o nobles". Y el ánimo no se me movió, pues permaneció conmigo, asentados ambos en el mismo artefacto plástico con cagada de paloma, pero sí que gozamos de acometidas de deleite y asombro e, incluso, de otros efectos más o menos vivos o nobles.

El efecto menos noble vino con el gol de Forlán. Primer intento, lejano propósito, de los atléticos y gol. El silencio fue la única respuesta a un cuchillo de hielo que entró tan deprisa en el portal de Ricardo como despacio y dolorosamente se coló en las entrañas calientes del graderío.

El efecto más noble nos acometió cuando se cumplía media hora de la segunda parte. Kike Sola danzó gambetas ante dos defensas, les hernió los discos lumbares y le regaló a Héctor Font un balón que llevaba escrito el tres a uno en su cuero. Abriendo camino hacia el optimismo saludable: "una forma de pensar y sentir que ayuda a emplear juiciosamente las habilidades propias".


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