La osadía de Kike Sola y la electricidad de Vela fueron las grandes armas para dar en el Reyno un nuevo paso por la salvación
Un 2-0 cuando ni siquiera se han cumplido los cinco primeros minutos no entra en las quinielas de nadie. Pero no resulta extraño al comprobar que la actitud y ambición de un equipo sobre otro distan en años luz. Sin duda, la salida arrolladora de Osasuna determinó un duelo para borrar del mapa al Atlético de Madrid y ofrecer al espectador la mejor primera parte del curso. Y no sólo por la entrega que se puso en cada balón, sino también por el fútbol de calidad.
Porque Osasuna, aparte de saber anticiparse y presionar al rival, sabe mover y tocar la pelota con velocidad. El regalo de partido dejó el premio de tres puntos que permiten confirmarse entre el pelotón de equipos que trata de huir de la quema. La distancia con el antepenúltimo sigue siendo de dos, pero ya es la misma sobre el undécimo clasificado.
Ayer, los rojillos salieron vencedores después de un arranque y final de la primera parte de ensueño. El primer robo de balón de Kike Sola en una jugada que terminó en fuera de juego fue una declaración de intenciones de la apisonadora navarra, que mató inicialmente a Javier Aguirre con dos jugadas de su compatriota Carlos Vela. El mexicano, meteórico, desnudó a la defensa colchonera antes de que se cumpliera el primer minuto con una cabalgada que culminó Kike Sola a placer, el otro gran protagonista de la magnífica tarde de ayer por su entrega, osadía y descaro.
Con el sabor del gol, llegaba el segundo en otra acción eléctrica de Vela, que en un recorrido de izquierda a derecha se adelantó a Pernía en un balón dividido tras una falta a Plasil y superó por bajo a Abbiati. Todos los rechaces eran de un Osasuna que no perdió un átomo de valentía para seguir ahogando con fútbol a un Atlético arrollado con el incesante intercambio de posiciones del triángulo Juanfran-Plasil-Vela, siempre buscando espacios y la nuca a una zaga patética.
Forlán se inventa un golazo
Sólo Forlán dio un resquicio de esperanza al Atlético con su lanzamiento desde 30 metros que besó el palo de la puerta de Ricardo y significó el 2-1. Golazo en todos los sentidos que no mermó el empuje rojillo para seguir con un puñado de grandes ocasiones. Plasil, siempre en el ajo, se encontró con Abbiati en una acción de estrategia cercano al punto de penalti (m.36). Misma suerte ante el meta italiano corrieron Sola (m.40) y Vela (m.43) con sendos disparos en el área, antes de que en la prolongación el de Cascante lanzara alto tras marear a Pernía y luego sirviera a Plasil, que disparó fuera. Era la ocasión que cerró el telón del primer acto.
Aguirre sentó a Eller y Pernía. Si el central ilustró la viva muestra de la impotencia (debió ser expulsado después de un manotazo a Puñal, una sanguinaria entrada a Vela y un choque con Kike Sola), el lateral zurdo dio una lección de errores en los despejes y mala colocación. Que un técnico deje en la caseta a dos defensas en el descanso cuando va perdiendo lo dice todo.
Osasuna supo mantener el orden para contener al Atlético en la segunda mitad. Sin fisuras atrás y con el centro del campo firme, dejó la el balón al contrario, que sólo pudo marear el balón entre sus defensas y crear un par de situaciones aisladas de peligro; un balón en largo que no llegó a controlar el siempre peligroso Forlán y un remate de cabeza fuera de Jurado. Eso fue todo. Para entonces, Reyes ocupaba la banda derecha y Aguirre echaba el resto con hombres ofensivos pero sin centro del campo. Ziganda también movió pieza y reforzó con Héctor Font la línea de creación. Objetivo: más posesión.
El peligro era la incertidumbre de un resultado que se había quedado corto y que se resolvió con justicia de la mano de un Sola que segundos antes de ser sustituido se marcó la jugada de la tarde con un recital de quiebros que rompió las caderas de Zé Castro y Perea. Font interpretó correctamente la jugada y apareció para anotar. Genial acción del ribero y ovación de las que ponen la carne de gallina. Con el oxígeno renovado, Osasuna disfrutó el cuarto de hora final.
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