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MILLÁS Y EL MUNDO JUAN JOSÉ MILLÁS

Nacer en jueves

Obligaría en bachillerato a escribir horóscopos, para que se adquiriera la noción del límite

Actualizada Lunes, 25 de febrero de 2008 - 04:00 h.
  • OPINION@DIARIODENAVARRA.ES

L OS horóscopos de izquierdas no se diferencian sustancialmente de los de derechas. Tampoco hay grandes desacuerdos entre los de las revistas femeninas y el resto. Se trata, en fin, de un territorio neutral. No se sabe de ninguna familia que haya discutido por defender el horóscopo del PP frente al del PSOE, o viceversa. Aceptamos que todos son igual de malos, o igual de buenos, o igual de inanes (qué rayos querrá decir inane).

No hay ningún baremo por el que juzgar el grado de acierto de una de estas predicciones basadas en el movimiento de los astros. Aunque no tengo ni idea de astrología, me gané la vida durante algunos años escribiendo horóscopos para un par de revistas sin que nadie advirtiera que era un impostor. Una vez que coges el tono resulta sencillo. El ejercicio de imparcialidad al que te obliga escribir una sección de ese tipo es muy útil para la vida. Yo obligaría a todos los alumnos de bachillerato a escribir horóscopos, para que adquirieran la noción del límite. Eso es lo primero que aprendes haciendo profecías, que hay límites que no se deben traspasar. Por eso me sorprendió leer recientemente la siguiente frase en uno de mis horóscopos de la semana pasada (no diré de qué medio): "Recibirá en los próximos días la visita de un comunista".

Lo curioso es que me visitó. Se trataba de un antiguo compañero de Facultad que milita en Izquierda Unida y que vino a pedirme que le redactara un manifiesto.

-¿No preferirías un horóscopo?-le dije.

Ante su extrañeza, le mostré el periódico que me había anunciado su visita y creo que salió de casa un poco menos comunista de lo que había entrado. Hay casualidades que te amargan la existencia, pues te obligan a preguntarte si habrá algo al otro lado (sea cual sea el otro lado). Al otro lado no hay nada, quizá ni siquiera hay otro lado, pero nos gustaría que sí, ésa es la verdad, de ahí que interpretemos cualquier tontería astrológica como una señal.

Durante los siguientes días, mientras redactaba trabajosamente el manifiesto que me había pedido mi amigo comunista, no dejaba de pensar en el destino. Otro horóscopo (de una revista de cine, por cierto) me había predicho un ligero ataque de tortícolis. No sé si fue por obedecer a los astros o porque me tocaba, pero lo cierto es que al poco comenzó a dolerme el cuello. No mucho, pero lo suficiente como para dar verosimilitud a la predicción. ¿Habrá algo? Entré en Internet buscando información sobre la influencia de los astros en la vida cotidiana y tropecé con un montón de páginas sobre cartas astrales. La red está llena de gente dispuesta a levantar tu carta astral. Y gratis. No sabía cuál elegir porque todas eran igual de gratis. Si hubiera habido una menos gratis que otra, habría tomado una decisión, pero las ofertas excesivas me aturden. Por eso no entro tampoco en las páginas de sexo, porque todas son gratis. Con los años, he desarrollado hacia la gente que no me quiere cobrar (o que me quiere bajar los impuestos) una desconfianza semejante a la que siento por aquella que me quiere sacar el hígado.

Salí de Internet, en fin, y continué redactando el manifiesto de mi amigo comunista (un manifiesto gratuito, pues lo primero que dijo es que no podría pagarme). Lo cierto es que con todas estas interrupciones me estaba saliendo un manifiesto poco marxista, poco materialista, poco comunista, en fin. Pero me dije que si quería un manifiesto más comunista debería pagarme o invitarme a comer al menos. En realidad, no le escribí un manifiesto, sino un horóscopo largo en el que hablaba del "triunfo final". No especifiqué a qué triunfo final me refería (no el que él creía, seguramente). Se lo leí por teléfono y le gustó mucho, le pareció muy científico porque metí varias veces el término "dialéctica" y la expresión "contradicciones internas", sin especificar tampoco a qué contradicciones internas me refería. Quizá dio por hecho que a las del capitalismo.

Antes de despedirnos quiso saber en qué día de la semana había nacido yo. Le dije la verdad, que no lo sabía, lo que le pareció rarísimo. Me dijo que se trataba de un dato muy determinante, de donde deduje que se había convertido a la adivinación, quizá por eso le había gustado tanto mi manifiesto astrológico. Colgué y busqué en la red un calendario perpetuo (los hay a miles) por el que averigüé que había nacido en jueves.

Ahora llevo varios días estudiando el significado de haber venido al mundo ese día que es un estorbo, porque siempre está en medio. Me temo lo peor. Quizá deba volver a la ciencia.


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