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TIERRAESTELLA

Como en día de matanza

La fiesta de la matanza ha permitido que no caiga en el olvido una costumbre común antes en las casas del pueblo

Actualizada Domingo, 24 de febrero de 2008 - 04:00 h.
  • M.P.A. . AZUELO

NO se mató en realidad, pero, salvo este aspecto que la ley no permite realizar de manera pública, no faltó nada en Azuelo para recordar una antigua fiesta familiar repetida en otro tiempo en cada una de las casas del pueblo.

La localidad celebró ayer una nueva edición de la fiesta de la matanza, una jornada que se organiza cada mes de febrero desde el año 2002 en torno al cerdo y a la elaboración de los productos que garantizaban a lo s vecinos proteínas abundantes durante todo el año.

En la fiesta de ahora no se sacrifica y la materia prima procede de la carnicería El Montañés de Mendavia, propiedad de un oriundo de Torralba del Río con ascendencia en Azuelo. Respetuosos con la normativa en este aspecto del proceso, la asociación local Santa Engracia, promotora de la iniciativa, logra por lo demás recrear la atmósfera que esta misma cita sugiere décadas atrás. Las mujeres, que enseñan a los visitantes cómo se hacían los chorizos y las morcillas, rescatan las vestimentas de sus antepasadas, como el manguito para la siega útil también para obligaciones culinarias, la falda larga negra y el delantal.

Al igual que en años anteriores, la morcillera de madera y la choricera, fabricada en hierro, salieron de los domicilios particulares para mostrar el proceso de elaboración de ambos derivados porcinos. A sus 57 años, Merche Crespo Almaján recuerda al detalle los pasos dados por su abuela, a la que pertenece el utensilio empleado ayer para las morcillas, cuando llegaba el tiempo de la matanza.

En noviembre y febrero

Ella, junto a otras mujeres del pueblo, enseñaron primero todo el proceso a las numerosas personas que se acercaron hasta la localidad. Más tarde, terminado un almuerzo de picadillo, huevos fritos y panceta, se dirigieron al txoko de Santa Engracia para cocer las morcillas y preparar la comida que iba a servirse después para 150 personas en dos grandes ollas. Como plato principal, alubias de Azqueta con sacramentos, como se conoce en este pequeño pueblo a los derivados del cerdo.

Pedro San Emeterio Crespo, de la asociación Santa Engracia, explicaba que actualmente sólo una familia del pueblo mata a título particular. Con la fiesta de ayer, los vecinos de este pequeño municipio de apenas medio centenar de habitantes han conseguido que no se olvide por completo una costumbre repetida antes en los hogares en dos momentos del año, en noviembre para abastecerse de cara al invierno y, meses después, en febrero con el fin de reponer las existencias terminadas. "Lo hemos visto hacer en las casas desde chiquititas y el número de animales dependía de cuánta gente hubiera en cada casa", señalaba otra de las mujeres, Almudena Ochoa Lacalle.


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