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JUSTICIA M

En busca de la letra impostora

Ellos dicen si la firma que aparece en un cheque ha sido falsificada o no. También analizan, si cuentan con sospechosos, quién ha escrito un anónimo amenazante que ha sido llevado a juicio. Son los peritos grafólogos judiciales.

Actualizada Domingo, 24 de febrero de 2008 - 01:36 h.
  • GABRIEL GONZÁLEZ . PAMPLONA .

EL anónimo estaba escrito a rotulador en la puerta del baño de una empresa navarra y contenía una colección de insultos y amenazas contra el jefe. Cuando el superior lo descubrió, su enfado fue tal que contrató los servicios de un perito grafólogo, sospechando de una docena de trabajadores. La letra podía ser de cualquiera de ellos, también de ninguno, así que el experto pidió que se desmontara la puerta del baño, para fotografiarla, y comenzó a descartar candidatos.

Tras la primera criba quedaron tres, luego dos y al final uno, que confesó en el juicio ser el autor del anónimo. Fue despedido.

La carpeta que guarda el informe de este caso descansa en el archivo personal de Jesús Alfonso Bermejo Urbano, un veterano grafólogo pamplonés. En su despacho, rodeado de tratados, diplomas, microscopios, lupas y otros utensilios, se arma de paciencia y afila su sentido de la observación para elaborar los informes periciales, cuatro o cinco al año, que le llegan de los juzgados. Como él, una docena de personas en Navarra se dedican a esta minuciosa labor, la de analizar firmas y textos en casos judiciales.

Dictado con velocidades

Las firmas dudosas en documentos bancarios, sobre todo cheques, ocupan las causas más comunes. Para comprobar su falsedad o no, los peritos necesitan cotejarlas con firmas y letras auténticas de los implicados. Por ello, en dependencias judiciales, se toman documentos oficiales donde figuran las firmas verdaderas de los implicados y si es posible se les hace firmar y escribir un texto al dictado del perito. "Escojo un texto según los grafemas que contiene la firma para ver detalles, y lo dicto a diferentes velocidades para romper sus defensas y que no puedan falsificar su propia letra", afirma Bermejo.

Con todos estos documentos (siempre que se pueda originales), el perito se recluye en su despacho, que en el caso de estos profesionales se ubica en su propios hogares. "De esto no se vive", apunta Bermejo. Allí, durante una semana o más. dependiendo de la complejidad, rastrean la firma en busca de la suma de indicios que concluyan si es auténtica o falsa, si alguien es culpable o inocente, o si la falta de material impide dar un veredicto. "He conocido a casos en los que se decía que la firma podía ser falsa al 80%. No, nadie es culpable al 80% de matar; o es su firma o no lo es. Hay que ser muy profesional y honesto", añade el perito.

La firma es un acto espontáneo, pero contiene mucha más información de la que creen sus impostores. Por eso, sólo "auténticos artistas, que los hay", son capaces plasmar en el papel todos y cada uno de los muchos detalles minúsculos que su auténtico dueño escribe como un autómata. Entre estos detalles se encuentra algunos formales, como el tamaño, la dirección, el diseño de determinadas letras, los puntos de ataque (donde empieza a escribir), algunos rasgos idiosincrásicos (algo que siempre repite en su escritura), la rúbrica ... y otros aún más escondidos al ojo corriente, como por ejemplo el desenvolvimiento gráfico, que es el recorrido que dibuja la mano al firmar.

En su investigación, los peritos cuentan con la ayuda de instrumentos que les permiten llegar hasta el más diminuto rincón. De esta manera descubren una descarga anómala de tinta o una mini pausa que denotan que se ha dudado, síntoma de falsedad. Estos instrumentos son el cuentahilos (una lupa que permite ver trazos mínimos), las lupas, el megatoscopio (instrumento similar al que utilizan los médicos para ver placas y donde se puede superponer dos firmas), el microscopio (algunos hacen fotografías), el escáner y el infrarrojos.

Siempre baja la guardia

En cuanto a los anónimos, que ya no son tan frecuentes como antes, cuando se repetían en pueblos y colegios, los remitentes suelen emplear todo tipo de argucias para esconder su propia escritura. Incluso escriben de derecha a izquierda. Pero llega un momento, añade José Antonio León Zamarreño, perito del Gabinete Grafológico-Pericial, en Barañáin, en el que se baja la guardia y "sale tu propia letra". Y a través de los detalles que afloran entonces, se puede llegar al autor si está entre los sospechosos. Otra de las capacidades de estos peritos, formados en diferentes academias de grafología, es averiguar con qué máquina de escribir (de las antiguas) se redactó un documento y saber si está manipulado o no.

Y aunque la mayoría de los casos que les llegan se basan en injurias y falsificaciones, también los hay simpáticos. Bermejo recuerda que hace muchos años fue requerido por una chica a la que le llegaban cartas de amor sin identificar. Intrigada, y sospechando de varios conocidos, le llevó varios textos anónimos y otros que pertenecían a los candidatos. "Estudié la documentación y salió que uno de ellos, el que ella decía que era muy tímido, era el autor de las cartas. No sé en qué acabó aquello, pero la chica se vio muy contenta".


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