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SOCIEDAD

El día de los Bisiestos

Se puede interpretar la leyenda de año bisiesto, año siniestro como miedo hacia algo distinto y al cambio

Actualizada Domingo, 24 de febrero de 2008 - 01:37 h.

En españa rondan los treinta mil, en navarra son 357 y en el mundo, unos cinco millones. La precisión de los mecanismos del reloj y las órbitas solares les confiere una distinción: son los bisiestos.

S U día, el 29 de febrero, es imprescindible para medir con precisión el tiempo. Dicen que son personas sensibles y a la vez prácticas. Amables y dulces. Los ingleses le llaman leapers (Leap year o año bisiesto) El retrato interior o carta astral de los bisiestos señala que quienes han nacido un 29 de febrero son sensibles a los sentimientos de los demás con un especial amor por la casa. Entre otras cualidades, son prácticos y eficaces y realizarán todo lo que se propongan hacer.

De alguna forma la descripción no se aleja del perfil de un matrimonio singular, Rufino Ongay Zoroza y Verónica Zaratiegui Arboniés, una pareja de abuelos, aliada con la felicidad y la casualidad, que puede afirmar que el próximo viernes 29 conmemora el 20 aniversario de su nacimiento justo en el mismo pueblo. Y no mienten, aunque su DNI señale en ambos casos 80 años de los convencionales.

El rizo de la casualidad

Según el Instituto Navarro de Estadística residen actualmente en la Comunidad Foral Navarra 357 personas nacidas un 29 de febrero y, de acuerdo con la media de nacimientos por día de los últimos meses, podrían agregarse al colectivo el próximo viernes entre 17 y 18 nuevos bisiestos, tantos como los nacidos en el 96, porque en el 2000 se registraron únicamente 12 nacidos. Sin embargo, algo debió ocurrir el 29 de febrero de 1928 en la localidad de Beire, porque si resulta infrecuente venir al mundo un 29 de febrero, más complicado resulta que nazcan a la vez tres criaturas bisiestas en una población pequeña que entonces casi triplicaba los 315 habitantes actuales. (En Navarra nacieron ese día 9 varones y 4 mujeres). Pero lo que ya resulta una gozosa rareza para las estadísticas es que, de los tres nacidos ese día en Beire, dos supervivientes, Rufino Ongay y Verónica Zaratiegui rizaran el rizo de la casualidad y del destino cuando el azar y el amor les condujo a establecer 28 años después, en 1956, una alianza de por vida que les envió al altar. "Año bisiesto y año de pares, año de azares" recoge en su libro de refranes el climatólogo pamplonés Javier Pejenaute.

Conociendo el proceso de formulación del adicional día 29 asociado a una dinámica astral, física y matemática del tiempo, habría que decir como el filósofo, que, en esto de los bisiestos, todo respira al unísono, hasta el punto de que ya han formado un club en España.

Gente muy singular

Como recuerda José Manuel Ubarrechena, hostelero donostiarra, fundador del Club Mundial de los Bisiestos con alrededor de 2000 socios, "los nacidos en febrero somos únicos y olímpicos, somos patrimonio de la humanidad y de la cultura, somos un capricho de los césares,". Y no le falta razón. Febrero, instaurado por los romanos en honor de la diosa Februs o fecha conmemorativa de los festivales de la purificación, es un mes fuera de lo normal. "Y muy importante", advierte Ubarrechena, "porque si a febrero no se le añadiera un día cada cuatro años, se perderían 25 días cada siglo y nos encontraríamos con que nevaría en julio" el mes de 31 días instaurado en honor de Julio César, precisamente quien concede nombre al calendario juliano, y creador del regalo de un día cada cuatro años. (Luego , el calendario juliano fue modificado con más precisión por el actual calendario, el llamado calendario gregoriano). Ubarrechena, que confía reunir el viernes en una comida en Igueldo a unos 500 comensales, y de los que más de medio centenar espera que procedan de Navarra, recuerda que ha conocido a una madre con su hija nacidas en bisiesto, pero nadie de los dos mil socios de su club disfruta de la peculiar condición de matrimonio.

Rufino y Verónica conocen la cita de Igueldo, pero no preparan una celebración distinta a la de otros años con sus tres hijos y cuatro nietos en casa. Su gran día familiar lo celebraron hace dos años, cuando cumplieron las bodas de oro. A estas alturas de la vida, hoy día, afirman con humor, son más jóvenes que su nieta Inés de 25 años próxima a casarse.

Injusta mala fama

Febrerillo el loco, afirma el refranero, pero la sabiduría popular no acierta cuando etiqueta a los bisiestos como años de mal fario y escasa cosecha. Ni Verónica, ni mucho menos Rufino, que ha sido agricultor, pueden afirmar que los bisiestos sean pobres en felicidad y tampoco en cosechas, en todo caso, como reconoce, malos años son los de ahora sin apenas agua cuando antes las sequías no eran tan largas y repetidas. "Ahora el río baja casi seco y en el patio que tenemos en casa, en febrero, empiezan a verse brotes en los rosales", indica.

Autor de Los refranes del tiempo de Navarra (Editorial Caja de Ahorros de Navarra, 1999), Javier Pejenaute Goñi, manifiesta su desacuerdo con las antiguas creencias populares si bien reconoce que antiguamente febrero no tenía buena fama."A febrero le llamamos el mes charrico. Febrero , embustero, hebrero (por las escarchas). Venían grandes fríos y la gente estaba deseando que terminarse y les fastidiaba tener un día más". " Nuestros antepasados consideraban los años bisiestos perjudiciales para las actividades agrícolas. Sin embargo, no tiene por qué ser así, pues se conocen bastantes febreros bisiestos que han dado buenas cosechas. Pensaban que en estos años se recogía tan poco cereal que todo él cabía en un cesto: "Año bisiesto, cosecha entera en un cesto". Eran años de hambre: "Año bisiesto, entra el hambre en el cesto" afirma. Años que también evoca Rufino cuando recuerda que, con dos hermanos movilizados en la Guerra Civil española, se vio obligado a trabajar en el campo a los ocho años, "de sol a sol, comiendo pan con ajo pero solo un día no tuve pan para comer".

Nada de año siniestro

"También la uva de los años bisiestos era poca y de escasa calidad, según el refranero popular" afirma Pejenaute recordando aquello de "Año bisiesto, ni cuba ni cesto". Asimismo, era perjudicial para las huertas, según las creencias populares ("Año bisiesto, ni en viña ni en huerto"), e, incluso, para las gallinas ("Año bisiesto, pocos huevos en el cesto") y las frutas ("Año bisiesto, todas las frutas caben en un cesto").

Naturalmente, subraya, "no se piensa que esto sea cierto, pero los refranes insisten en ello, y aconsejan invertir esos años en la ganadería y no en la agricultura. "Año bisiesto, echa en ganado el resto", se escuchaba. Se pensaba que el cereal rendía poco diciendo: año bisiesto, gasta tu dinero en ganados y no en sembrados. De cualquier manera, lo lógico es que sea tan difícil de predecir como otros meses revueltos y la razón estará en el refrán siguiente: "Año bisiesto y año de pares, año de azares".

José Antonio Perales, antropólogo y periodista, coincide con la historiadora Mª Amor Beguiristainen detectar una curiosa escasez de investigaciones y documentación focalizada en Navarra respecto a los años bisiestos. Para Perales, la formulación de año bisiesto no puede separarse de cierta leyenda de "año siniestro" entendiendo el bisiesto como muda y cambio hacia algo distinto. Acepción de terror y vértigo al abismo del tiempo, explica recordando al antrópolo estructuralista Levi-Strauss.


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