Diario de Navarra | Facebook Se abrirá en otra página Diario de Navarra | Twitter Se abrirá en otra página Hemeroteca Edición impresa
Mi Club DN ¿Qué es? Suscríbete

La Hemeroteca
    Navarra
SOCIEDAD

Cuando la vida se gana a pulso

Ramona Nuevo sufre hemiplejía en la parte derecha y Manuel Mindeguía se conecta 18 horas diarias al oxígeno

Actualizada Domingo, 24 de febrero de 2008 - 04:00 h.

E RA de noche y ocurrió hace tres años. Marcos Gárriz Riezu conducía su coche por Barañain. Tres días antes, este soldador que hoy tiene 53 años, había manejado el volante hasta Madrid para asistir a una boda. Pero la noche que nos ocupa se hallaba a muy pocos minutos de su casa. De repente se sintió indispuesto. Tanto, que apenas pudo avisarle a su mujer de lo que ocurría antes de desvanecerse. Como el coche no iba a mucha velocidad, se frenó contra el bordillo de la acera.

Tampoco hubo ulular de sirenas pues Marcos Gárriz se espabiló con el golpe del coche y prefirió seguir hasta casa. Al día siguiente, en una cama del Hospital de Navarra, se enteraba de que le tenían que implantar un marcapasos. Estaba curado de espanto. Quince años antes, le habían realizado tres by pass después de una angina de pecho.

A pesar de este historial, a Marcos Gárriz no le quita hoy nadie el madrugón cada mañana para llegar a las siete a la calderería de Manuel Aranguren e Hijos, situada junto a la Ronda Norte de Pamplona. De su trabajo sale a las tres de la tarde y se organiza las tareas de modo que le sobre tiempo para acudir un par de horas al gimnasio del Club Coronario en la calle Santa Marta. Una vida bastante ordinaria si no fuera porque su ritmo cardiaco lo regula un marcapasos.

Trabajo con el marcapasos

Marcos Gárriz, que es natural de Belascoain, nunca se había preocupado en exceso por su salud hasta que le sobrevino una angina de pecho a los 37 años de edad. Daba la casualidad de que entonces llevaba dos meses sin fumar la cajetilla diaria de farias porque había comenzado a andar con unos amigos en bicicleta. Recuerda perfectamente el día que cambió su vida: "fue de noche, en víspera del Día de la Madre y estaba en casa cuando me agarró un dolor fuerte en el brazo. Cogí el coche y acudí a urgencias. Tenía una obstrucción en una vena y al día siguiente me operó el doctor Moriones en el Hospital de Navarra. Me colocaron tres by pass". Con 37 años y dos hijos de 9 y 4 años, Marcos Gárriz había pasado de no preocuparse en absoluto por su salud, a estar pendiente de cada latido del corazón. sobre todo, el primer año y medio en que se mantuvo de baja laboral. Después de ese tiempo, regresó a su trabajo de soldador, donde ha permanecido quince años sin mayores novedades hasta que hace tres le dio la arritmia antes citada en el coche en Barañain. Con el marcapasos la cosa se torció un poco, pues como soldador Marcos Gárriz está en contacto con máquinas cuya radioactividad podría desprogramar el aparato. Aunque solicitó la incapacidad laboral, se la denegaron. "Estuve 18 meses de espera y a pesar de la ayuda de una abogada, me contestaron que o volvía a trabajar o me autodespedía, pues decían que era apto para otros labores". Por fortuna, en su empleo le han favorecido con una jornada continua y tareas más alejadas de las máquinas.

Por lo demás, su vida es bastante tranquila siempre y cuando no se olvide de las ocho pastillas que toma al día, incluídas la del azúcar y el colesterol. "No debo olvidarme las pastillas ni la chuleta con las dosis, -aclara-. Además de vigilarme la sal en la comida". Lo que tiene más guasa, según cuenta, es que meses atrás viajó a Mallorca en avión sin ningún contratiempo "y, poco después, saliendo con mi esposa de una tienda de ropa de Pamplona, los detectores de seguridad pitaron debido al marcapasos".

La revisión de su marcapasos no toca hasta dentro de seis años. Mientras, Marcos Gárriz pedalea cada tarde en una de las bicicletas estáticas del Club Coronario de Pamplona junto a algunos de sus 150 socios. Y con lo que el corazón no ha podido todavía es con su afición al fútbol. Gárriz acude desde hace muchos años al estadio para animar a Osasuna. Lo que no entra en sus preocupaciones es si el Reyno de Navarra cuenta, como así sucede, con un desfibrilador. "Al fútbol voy a disfrutar, si fuera pensando que me puede pasar algo, no bajaría".

Tres días limpiando la sangre

Dieciocho años más joven que Marcos Gárriz y con un problema que no es el corazón, Rafael Jiménez Berrio se somete a sesiones de diálisis para tratar la sangre que sus riñones no son capaces de depurar. Casado y padre de dos hijos de 11 y 6 años, Rafael Jiménez dejó de trabajar hace seis meses como oficial de 2ª en el sector de la construcción con el fin de someterse a ese tratamiento. Es el propio Rafael quien conduce su coche tres días a la semana desde su domicilio de Burlada hasta el Hospital de Navarra, para permanecer cuatro horas tumbado sobre una cama mientras una máquina cicladora le dializa los cinco litros de sangre. La música le hace la espera más llevadera.

"Me gustaba mi trabajo y hubiera llegado a oficial de 1ª, pero a mis 35 años eso se ha acabado. Ahora estoy descubriendo otras cosas, como la compañía de los hijos. Les recojo en el colegio, les ayudo a hacer la tarea, salimos al parque...". Mientras hace esas cosas, Rafael espera el día en que suene el teléfono para avisarle de que hay un donante compatible. Y no sabe muy bien si desea o teme ese día. En cualquier caso, insiste en la necesidad de que surjan nue vos donantes de órganos: "aunque sea un poco duro decirlo, es más necesario que nunca ya que el descenso de fallecidos en accidentes de tráfico parece que se nota en las donaciones", asegura.

Durante el tiempo que dura la conversación con Rafael en el Hospital, la cicladora no deja de dar vueltas para limpiar las impurezas de su sangre. En la cama de al lado, un pitillés de 69 años, Rosario Maeztu, se anima a conversar y le mete alguna puya a Rafael: "oye, tú no te quejes mucho que a ti las enfermeras te hacen más caso que a mí" bromea.

La vida tras un infarto cerebral

No muy lejos del domicilio burladés de Rafael Jiménez, vive Ramona Nuevo Blanco. Su vivienda está en el cuarto piso de un edificio sin ascensor, así que el esfuerzo que debe hacer debido a la hemiplejia que sufre en el lado derecho del cuerpo después de un infarto cerebral ocurrido seis años atrás es más notable.

A pesar de que se considera una persona de gran fortaleza psíquica, a Ramona Nuevo le cuesta recordar el día en que cambió su historia. Fue un 15 de octubre. "Ahora esa fecha es mi segundo cumpleaños, pero entonces -rememora- fue un golpe muy duro. Llevaba una semana con dolores de cabeza. Mi vida era muy intensa, como la de tantas madres: trabajo, hijos, la casa... La noche anterior había estado en urgencias, pero no se detectó nada anómalo. Por la mañana decidí ir con una amiga a una piscina de Burlada y entramos a la bañera de hidromasaje. Al contacto con el golpe del chorro ocurrió todo. A penas me pudo ayudar mi amiga a salir, me desplomé al suelo. Oía, pero no podía hablar ni moverme. Sin embargo, fui consciente de todo hasta que al ingresar en Virgen del Camino me desvanecí".

Cuando despertó estaba ya en una cama. Había sufrido un infarto cerebral y tuvo que permanecer dos meses ingresada. Pero más duro fue el regreso a casa, ya que comprobó que necesitaba ayuda para todo. Incluso alguien le dijo que podría quedarse en una silla de ruedas toda su vida. "Soy muy luchadora, y algo cabezona también, así que me dije que andaría arrastras si fuera necesario". Y así fue. Ramona acudió durante dos años al servicio de rehabilitación de la Clínica Ubarmin. Ahora, cada cuatro meses, se le inyecta toxina botulímica para mantener la elasticidad de los músculos en el lado del cuerpo que está paralizado. Hoy día, Ramona está separada de su marido y vive con su hija pequeña, Andrea. Trabaja en Tasubinsa y realiza las tareas domésticas de su casa, además de conducir un coche adaptado. "Merece la pena luchar, aunque el mérito de mi recuperación no sólo es mío. Se lo debo también a la familia y amigas", reconoce.

Dieciocho horas con oxígeno

Manuel Mindeguía Ochotorena no tiene hijos, pero sí una hermana y una familia que también se preocupan de él. A sus 68 años, Manuel Mindeguía representa a una generación que décadas atrás se vio obligada a dejar su hogar y buscar trabajo en el extranjero. Manuel, a la vez que otros jóvenes de Gorriti y pueblos cercanos de la zona, emigró a los Estados Unidos. Trabajó siete años como pastor y probó fortuna después en una mina del estado de Wyoming, al norte, durante otros 16 años. "Allí trabajábamos a un kilómetro de profundidad, y sacábamos cristal principalmente", recuerda. Mindeguía no sabe si sus problemas pulmonares tienen algo que ver con aquel trabajo o con la cajetilla de cigarros que fumó hasta hace un par de años, "el caso es que me ha tocado", explica. Ahora debe conectarse durante 18 horas al día a una bombona de oxígeno, la mayor parte de ellas cuando está dormido. A Mindeguía se le trata en la Clínica Universitaria, un centro que participa en un estudio europeo dedicado al tratamiento mínimamente invasivo del enfisema pulmonar severo.

Vecino del pelotari Ladis Galarza, Manuel Mindeguía no puede disimular su afición por la pelota. "Ahora mismo me iría a Pamplona a ver el partido de Titín y Bengoetxea, aseguraba el fin de semana pasado en su casa. Ver unpartido de pelota por la tele fue lo primero que hizo en Madrid nada más aterrizar de su periplo minero en los Estados Unidos. Ahora, Manuel Mindeguía se conforma con coger un poco el coche para ir a dar una vuelta y ver cómo andan las yeguas. El suyo, como el de tantos otros, es un ejemplo de que la vida es un pulso que se mantiene día a día.


Comentarios
Te recomendamos que antes de comentar, leas las normas de participación de Diario de Navarra

© DIARIO DE NAVARRA. Queda prohibida toda reproducción sin permiso escrito de la empresa a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, de la Ley de Propiedad Intelectual

Continuar

Estimado lector,

Tu navegador tiene y eso afecta al correcto funcionamiento de la página web.

Por favor, para diariodenavarra.es

Si quieres navegar con muy poca publicidad y disfrutar de toda nuestra oferta informativa y contenidos exclusivos, tenemos lo que buscas:

SUSCRÍBETE a DN+

Gracias por tu atención.
El equipo de Diario de Navarra