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CON EL MANDO EN LA MANO JOSÉ JAVIER ESPARZA

UCO

Los excesivos cortes publicitarios son el único reproche a "UCO" la serie generada a partir de "Desaparecida", que tiene una sencillez narrativa estimable, acostumbrados a cámaras con el baile de San Vito.

Actualizada Viernes, 22 de febrero de 2008 - 04:00 h.
  • TELEVISION@DIARIODENAVARRA.ES

B RAVO: el segundo -y, por ahora, último- episodio de UCO, la serie-vástago de Desaparecida, ha sido estupendo, de una factura excelente; una historia bien concebida, muy bien contada, con interpretaciones sobradamente eficaces, una puesta en escena impecable y una dirección de primera. ¿Caben más elogios? Seguramente sí, pero también caben reproches: en particular, los impertinentes cortes publicitarios, que llegaban a hacer tediosa la historia por razones ajenas al narrador.

Tal vez eso haya tenido algo que ver -o tal vez no- con el insólito hecho de que el desenlace de UCO haya tenido menos espectadores que su planteamiento: una cuota del 12,1% (unos 2,3 millones de espectadores), que son 2,1 puntos menos que la primera entrega. Cifras al margen, lo que UCO ha demostrado es que aquí hay una historia que merece ser contada. Y, además, que hay buenas manos para hacerlo. En efecto, lo que más impresionaba en este episodio de UCO era su severidad, su sencillez, la austeridad de líneas de su puesta en escena. Acostumbrados como estamos a las cámaras con baile de San Vito, a los planos de sucesión vertiginosa y a la imagen convertida en fogonazo que impacta sobre la retina, recursos todos ellos habituales en las series de acción más recientes, el laconismo narrativo de UCO despertaba un sentimiento de gratitud: era posible seguir la historia sin marearse. Por supuesto, el laconismo, en televisión, tiene un inconveniente: si la historia no está bien contada, el espectador se aburre y cambia de canal. Pero justamente ese era el principal mérito del episodio: estaba contado con verdadera maestría, con una economía narrativa que administraba los hechos de tal modo que el espectador permanecía atado a la pantalla (ya digo, hasta que llegaba la publicidad). El mérito hay que atribuírselo al equipo de la productora, Ganga (la de Cuéntame); a los protagonistas, en especial a Miguel Ángel Solá, pero también al eficacísimo reparto de secundarios, que da solidez al conjunto. Ahora, en principio, esta experiencia de UCO en dos capítulos tiene que servir como aperitivo para nuevos episodios: el propósito de UCO es convertirse definitivamente en serie autónoma con episodios autoconclusivos (donde cada capítulo cuenta una historia con principio y final), y que durará hasta que el espectador -o la propia TVE- se canse. A fecha de hoy, no sabemos si este propósito finalmente se verificará o si, por el contrario, el proyecto quedará guardado en un cajón, tal vez a la espera de tiempos mejores. Si es por las cifras de audiencia, TVE haría mal en congelar el futuro de UCO: dos millones y pico de espectadores son más que suficientes. Y el producto vale la pena.


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