Ayer, esta inquieta gallega acudió a Pamplona para ejercer de cuentacuentos de una historia propia, Inviernos a medida, con el que ha ganado el IV certamen de Cuentos de Invierno de Caja Navarra, dotado con un premio de 1.500 euros. El relato, que servirá para felicitar la Navidad a los clientes de Caja Navarra, se hará público dentro de un mes.
Dice que nació a la edad de 6 años, cuando terminó de leer su primer libro. ¿Cuál?
Realmente, lo que me despertó fue el acto en sí mismo, no un libro determinado. Siempre me recuerdo leyendo. Ha habido temporadas en las que no he sido tan lectora, pero es algo que siempre se me ha quedado dentro, para después volver a salir.
¿Qué fue lo que le inspiró Inviernos a medida?
Una de las cosas que más me interesan en los cuentos que escribo es buscar las múltiples posibilidades de los actos más cotidianos. Me parece que la aventura no está en el Himalaya, sino que la tenemos al lado. Lo que pasa es que hay que encontrarla. En este caso me apetecía escribir sobre la costura. Es algo pequeño, relegado a lo doméstico, pero absolutamente creativo. Luego, a la hora de concretar la historia, me pareció muy estimulante el contexto del invierno.
¿Por qué motivo?
Cuando era pequeña, en invierno iba con mi madre a una modista que se llamaba Neves. A partir de ahí surgió el impulso para crear el relato.
Esa atmósfera intimista de la que hablaba, ¿también está presente en el resto de los cuentos que ha escrito?
En cierto modo, sí. He publicado un libro que se llama La sombra del cuento, de relatos para adultos, y todos los personajes resultan muy cercanos. Hablo de conflictos pequeños. No son las hazañas de la Historia, sino de la vida.
Si tuviera que escribir un cuento protagonizado por usted, ¿cómo sería el personaje?
¡Qué difícil! Creo que sería como las "matrioskas", es decir, llevaría metidos a varios personajes muy distintos en tamaño pero siempre compartirían algo que tenga que ver conmigo.
¿Podría definir ese "algo" que aporta a sus personajes?
De mi adolescencia siempre recuerdo una tarde en la que hice dos cosas que eran absolutamente opuestas. Me puse mis botas de montaña y me pasé todo el día de mochilera... Luego, cuando llegué a casa, me duché, me vestí de gala y me fui de cena. También me gusta estar callada y observar a la gente, por eso me atraen tanto las estaciones de tren y los aeropuertos.
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