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La tumba de César Borgia

Junto a la iglesia de Viana, está enterrado el que fuera obispo de Pamplona y general de los ejércitos pontificios, César Borgia. Una triste lápida recuerda el trágico final de este personaje universal, de cuya muerte se celebra este año el quinto aniversario (1507-2007)

Retrato de César Borgia, atribuido a Giorgione.Portal de la Solana, por el que salió Borgia en busca del conde de Lerín.Iglesia de Santa María de Viana, en cuyo interior estuvo el sepulcro.




EL CAMPO DE LA VERDAD


LA senda Borgia, actualmente en preparación, llevará a los turistas desde Viana hasta la Barranca Salada, donde se supone que el príncipe italiano y capitán de los ejércitos navarros encontró la muerte. También habrá conferencias, exposiciones, conciertos de música renacentista, cenas de la época, venta de recuerdos y escenificaciones teatrales de su final. Se pretende que algunas de éstas últimas recuerden el campo de la Verdad. Nadie sabe con exactitud dónde se encontraba, pero este lugar situado entre Viana y Mendavia tiene gran interés ya que además de ser el posible escenario de la muerte de Borgia, está ligado a otros episodios históricos tan sonados como la batalla de los tres Sanchos, o el duelo que mantuvo el Cid con el navarro Gimeno Garcés en el siglo XI. «Aquí es donde obtuvo el Cid el título de Campeador», recuerda Labeaga.

TEXTO: JOSÉ A. PERALES FOTOS: JOSÉ A. PERALES

Pocas historias reales han dado tanto juego literario como la de César Borgia y su familia. Hijo del papa Alejandro VI, César fue obispo a los 17 años y cardenal a los 23. Poco después, tras la muerte de su hermano Juan, se hizo cargo de los ejércitos pontificios, y llegó a ser príncipe de Andría y Venafri, señor de Romaña y duque de Valentinois. Inspirador de El Príncipe de Nicolás Maquiavelo, el gran condottiero fue también patrón de Leonardo da Vinci. De sus habilidades políticas y de su vida licenciosa se han hecho eco numerosos ensayos, novelas y alguna película reciente. «Suele decirse que los Borgia fueron envenenadores. Y que César Borgia, y su hermana Lucrecia mantuvieron relaciones incestuosas. Sin embargo, nadie sabe con exactitud cuánto hay de cierto en ello, y qué parte fue inventada por sus enemigos», dice el sacerdote diocesano e historiador de Viana, Juan Cruz Labeaga. Leyendas aparte, la relación de César Borgia con Navarra se remonta a 1491, año en que fue nombrado obispo de Pamplona. Ocho años después, se casó con Catalina de Albret, hermana del rey de Navarra, Juan III, con la cual tuvo una hija (Luisa Borgia). Esta vinculación propició su refugio en el viejo reino cuando el brillo de los Borgia comenzaba a declinar.

Tras la muerte de Alejandro VI, el nuevo papa Julio II ordenó la detención de César, y lo entregó al rey de Castilla para ser juzgado en España. Primero estuvo preso en Chinchilla y luego en el castillo de la Mota, de donde escapará en octubre de 1506. Entonces, buscó refugio en Navarra, en casa de su cuñado Juan de Albret. El pequeño reino estaba entonces sumido en plena lucha entre agramonteses y beaumonteses, y César tomó partido, poniéndose al lado de su cuñado. Este le nombró Condestable del Reino y capitán general de sus ejércitos. Así fue como el gran condottiero llegó a Viana en febrero de 1507, con el fin de arrebatar esta plaza fronteriza al conde de Lerín, líder beaumontés. Según dice Juan Cruz Labeaga, los ejércitos del rey montaron su campamento a los pies de la ciudad amurallada y cercaron el castillo, que quedó como único reducto en poder de los partidarios del conde.

El capitán general se alojó en un palacio de Viana sito en la calle Tidón (casa de los Torres y Acedo, hoy casa Cereceda), desde el cual dirigía las operaciones. La noche anterior a su muerte hubo tormenta, y César permitió a sus tropas refugiarse en la villa, circunstancia que aprovechó el conde de Lerín -replegado en Mendavia- para abastecer secretamente al castillo cercado.

Al enterarse de que sesenta mulas habían entrado en el fuerte cargadas con suministros, Borgia montó en cólera, y partió en busca de su enemigo. Cuentan en Viana que salió al amanecer por el portal de la Solana, en dirección a Mendavia, y que al atravesar el umbral, su caballo dobló las patas delanteras, lo cual se consideró signo del mal agüero. Un poco más tarde, en una escaramuza contra tres soldados del conde, encontraba la muerte el príncipe italiano.

Un sepulcro de alabastro

Cuenta la historia que Juan de Albret, el rey vencedor, enterró a su cuñado en un sepulcro gótico, esculpido en alabastro y que éste fue situado en la capilla mayor de la iglesia de Santa María de Viana. El obispo de Mondoñedo, Antonio de Guevara, pasó por allí en 1523, y copió el epitafio: «Aquí yace en poca tierra, el que toda la temía/ el que la paz y la guerra en su mano la tenía./Oh, tú, que vas a buscar / cosas dignas de loar, /si tú loas lo más digno/ aquí pare tu camino/ no cures más de andar». Años después, el sepulcro fue destruido, y los restos de Borgia trasladados a una tumba en el exterior de la iglesia. Según se decía en Viana, fue un obispo de Calahorra, el que mandó sacar sus restos a la calle Mayor, para que lo pisaran los buenos cristianos y las bestias. «Hay que tener en cuenta que Borgia había sido excomulgado, y que entonces se consideraba un personaje nefasto para la iglesia», dice Juan cruz Labeaga.

Así se explica la fobia histórica contra los restos de Borgia que en los cinco siglos que hace de su muerte, todavía no ha conseguido descansar en paz.

En 1885 los exhumaron por primera vez, a requerimiento de un arqueólogo francés, Charles Iriarte, que en realidad venía buscando la espada de César Borgia. Más adelante, ya en el siglo XX, hubo un movimiento de gente intelectual, que trató de rehabilitar la memoria del hijo del papa Alejandro VI, y buscarle un enterramiento más digno.

Entre ellos se encontraba el doctor Victoriano Juaristi, quien realizó un sepulcro monumental dedicado al célebre duque de Valentinois. La obra se colocó en el zaguán del ayuntamiento en 1934. Dos años después, sin embargo, un grupo de personas de ideología derechista, destrozó la escultura, considerando que era un oprobio para la ciudad que «un hombre tan malo» estuviera en lugar tan principal.

Sin descanso eterno

Mediados los años cuarenta, un grupo de académicos de la historia y otros intelectuales, consiguieron permiso para sacar los restos de la calle Mayor, y tras realizar un estudio científico de los mismos, los colocaron en una tumba más digna, situada en el interior del atrio, justo enfrente de la portada renacentista, donde se encuentran actualmente. Esto fue en 1953.

Doce años más tarde, la Diputación encargó un busto de bronce al escultor roncalés Fructuoso Orduna, y se colocó en la plaza de sor Simona Oroz, junto al convento de san Juan del Ramo. Ambas intervenciones provocaron fuertes polémicas en Viana. Hoy en cambio, la actitud ha cambiado. «La mayoría de los vianeses sabe que la figura de César Borgia no puede traernos más que beneficios», señala Labeaga.

Cuando está a punto de iniciarse el quinto aniversario de la muerte de César Borgia, el ayuntamiento, el Gobierno de Navarra, y el resto de personas que integran la comisión especial para organizar los eventos, parecen estar de acuerdo en la conveniencia de encontrar un sepulcro digno para César Borgia. «Lo deseable sería que los restos volvieran al interior de la iglesia, donde estuvieron inicialmente», añade Labeaga. «Pero de momento esto no es posible ya que el actual código de derecho canónico impide enterrar dentro de las iglesias. Pienso que no es una normativa muy estricta, ya que los obispos actuales se siguen enterrando en las catedrales».

Mientras el arzobispo de Pamplona no da su consentimiento, la comisión que organiza el año borgiano, ha decidido recuperar para el turismo los últimos pasos del condottiero por los campos de Viana, y señalar con una lápida circular el lugar donde murió.




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